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Vidas solidarias (I): Calor humano en las noches gélidas

12 de febrero de 2012 201 visitas

Fuente de la noticia: eldiadecordoba.es / Autor: Gema N. Jiménez

El perfil habitual de la persona que duerme en la calle en Córdoba es, según datos facilitados por Cruz Roja, el de un hombre (84% de los casos), español (aproximadamente la mitad, frente al 20% de nacionalidad rumana y el 17% de marroquíes), con una edad comprendida entre los 35 y los 49 años (41%, seguido muy de cerca por la franja 18-34 años, con un 37%). En cuanto a los motivos que conducen a esta situación, en la mayoría de las ocasiones, son los problemas de adicción a las drogas y unas circunstancias familiares adversas -normalmente caracterizadas por una ruptura matrimonial y las dificultades para el pago de la posterior pensión a la excónyuge-.

Tener como cama unos cuantos cartones y como habitación la calle o, con suerte, cualquier cajero. Ésta es la realidad de decenas de personas que día tras día se ven obligados a pasar la noche a la intemperie, a pesar de que los termómetros lleguen a marcar temperaturas bajo cero, tal y como está pasando durante las últimas semanas en la capital. Conseguir algo de comida para llevarse al estómago o una manta que les dé calor es su principal meta, algo tan fácil para muchos y tan difícil para ellos.

En la actualidad diversas instituciones humanitarias recorren las calles de la ciudad varios días por semana para ofrecer a la población sin techo comida y bebida reparadora, mantas y apoyo humano. Una de ellas es Cruz Roja a través de su Unidad Móvil de Emergencia Social (UMES), que a lo largo del pasado año realizó 10.000 repartos de comida y bebida, distribuyó 209 mantas y 95 sacos de dormir y realizó 70 derivaciones a otros recursos de Cruz Roja o de otros organismos sociales. Estas cifras muestran de forma clara las necesidades que sufre gran parte de la población, así como el importante trabajo que realizan personas anónimas de una forma totalmente desinteresada para hacer la vida más llevadera a aquellos que no disponen de un hogar.

Fátima Blanco lleva nueve años formando parte del grupo de voluntarios de Cruz Roja, una actividad que compagina con la preparación de una tesis doctoral. En estos días de invierno dedica su tiempo libre casi en exclusiva a recorrer la ciudad -cada martes y cada sábado- con la Unidad Móvil de Emergencia Social. "Saco todo el tiempo que puedo, aunque ello suponga recortar en mi tiempo de ocio. Pero es que ser voluntario engancha y si te soy sincera no estoy en más servicios de Cruz Roja porque no hay más horas en el día", asegura esta joven.

Los días de recorrido, Fátima y sus compañeros cargan en la furgoneta toda la comida y las mantas necesarias para cubrir sin problema toda la demanda. A las 20:30 salen de la sede, situada en la calle Sagunto, para dirigirse a cada uno de los puntos de su itinerario, que terminarán pasada la medianoche. "Nunca llegas a acostumbrarte a ver a tantas personas que no tienen hogar, lo llegas a pasar mal. Y, sobre todo, es muy chocante ver cómo el número de indigentes ha crecido tanto en tan sólo un año. Además, hemos notado un fuerte repunte en españoles que tienen que dormir en la calle como consecuencia de la crisis económica al haberse quedado sin trabajo o por no poder pagar la hipoteca".

En cada una de las paradas Fátima se encarga de pedir a las personas que solicitan ayuda sus datos personales para llevar un recuento de comidas repartidas. En las últimas semanas en las que han tenido lugar dos olas de frío, que han dejado temperaturas mínimas de hasta -4 grados, la situación ha sido "bastante dura, ya que ha habido más necesidades de mantas o de ropa de abrigo", relata Fátima. Pero, es en esas situaciones cuando los voluntarios sienten más que nunca lo importante que es su labor para tantas personas. Los puntos que concentran una mayor presencia de indigentes son la zona de la estación de autobuses, la plaza de la Corredera y los cajeros del Vial Norte y de Ollerías. "En los lugares más concurrido por los indigentes se llegan incluso a formar colas para recibir su vaso de caldo, de café o cola cao junto a un bocadillo y alimentos no perecederos. También ofrecemos kit con guantes, bufanda, calcetines y mantas". Fátima ya conoce a muchos de los que se acercan hasta la UMES a recibir su comida y que le agradecen su ayuda con una sonrisa dibujada en la cara. "Es muy gratificantes sentir que estás haciendo algo por los demás y más cuando ves que te lo agradecen con pequeños gestos que cobran un significado especial", asegura Fátima. "Muchas gracias niña, yo no sabía que veníais a repartir comida, pero hoy me habéis dado la vida", le dice una mujer, que prefiere mantener su anonimato, mientras la joven toma nota de su nombre y de su DNI.

Junto a Fátima, su compañera Chelo Silos, la más joven del grupo de voluntarios con tan sólo 21 años, controla que todas las personas sin un hogar reciban lo que necesiten sin ningún tipo de problema. Para ella ser parte de la familia de Cruz Roja es todo un lujo que ante todo le reconforta como persona. "Cuando sabes que has ayudado siempre te queda la satisfacción de pensar que has hecho algo por alguien que de verdad lo necesita y sin obtener nada a cambio. Cuando haces algo por trabajo eres consciente de que vas a obtener una remuneración económica, pero es especial cuando de esta forma sabes que no vas a recibir ningún beneficio a cambio". Chelo también apunta directamente hacia la crisis económica como la principal culpable del notable aumento de personas que duermen en la calle al no tener un hogar. "Es increíble ver cómo año tras año hay muchas más personas necesitadas y que no tienen dinero para disponer de una vivienda y, en la mayoría de los casos, se debe a que no tienen un trabajo o que han agotado la prestación por desempleo. Son personas que de la noche a la mañana se han visto obligados a dormir sobre un cartón cuando hace unos años estaban bien de dinero y no pensaban que podían llegar a esto".

Esta cruda realidad, según Chelo, deja cada noche estampas "muy duras" que hace que los voluntarios al llegar a su casa reflexionen y valoren mucho más aquello que ellos tienen y que otros añoran. "En cada uno de los servicios que hacemos comprobamos cómo son capaces de soportar las temperaturas más bajas. Por eso, cuando llegas después de medianoche a casa te paras a pensar que tú sí tienes una cama donde dormir y que ellos no disponen de algo tan básico y que además no debemos de olvidar que es un derecho".

El trabajo del equipo de voluntarios de la UMES de Cruz Roja está cada noche coordinado por Miguel Ángel Romero. Este cordobés de 34 años decidió entrar en este grupo a comienzos del año pasado, unos meses antes de perder su empleo, "y aquí no sólo he encontrado a unos compañeros, también son mis amigos". Y es que el vínculo que se crea entre los voluntarios llega a ser "muy especial, hemos formado incluso una pequeña familia". Para Miguel pasar varias horas a la semana ayudando a los más necesitados no le supone ningún tipo de esfuerzo. "Desarrollar esta actividad me reconforta, a pesar de que tengas que ver a personas tiradas en la calle y que incluso no se pueden mover del frío. Pero sabes que los estás ayudando y que has conseguido que se lleven algo al estómago", asegura.

Durante el recorrido no duda en preguntarle a cada uno de los indigentes qué tal se encuentra o qué necesita. Y es que para Miguel lo más importante es que sientan por unos minutos ese calor humano que no suelen encontrar en la calle. "Cada vez que salimos nos cuentan historias muy diferentes, pero todas ellas marcadas por algún hecho negativo que hace que esa persona tenga que decidir pasar su día a día sin un techo en el que refugiarse".

Después de cuatro horas de recorrido la UMES de Cruz Roja vuelve de nuevo a la sede de Sagunto. Allí los voluntarios dejan todo aquello que no han repartido, mientras comentan algunas de las anécdotas que han ocurrido a lo largo de la noche . Y, ante todo, con la sensación gratificante de haber hecho de forma desinteresada una buena acción por los demás.

Cruz Roja también atiende a personas sin hogar en distintos puntos de la provincia, como Baena, Lucena, Montilla, Palma del Río, Peñarroya-Pueblonuevo, Pozoblanco, Priego de Córdoba, Puente Genil y Rute. En estos municipios la institución humanitaria atendió durante el año pasado a otros 60 ciudadanos en estas circunstancias, de tal forma que, globalmente, durante 2011 la organización llevó a cabo cerca de 16.000 intervenciones de diversa índole con población sin techo. La Unidad Móvil de Emergencia Social se realiza en coordinación con la Policía Local, Cáritas y otras entidades públicas y privadas.


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