6 de febrero de 2012 74 visitas
El hambre siempre ha llamado a las puertas del comedor de Santo Domingo en la capital. Pero desde hace cuatro años, las peticiones de ayuda por parte de personas que no tienen recursos para poder comer se ha multiplicado. Desde el año 2008, el número de servicios de alimentación repartidos por esta asociación benéfica laica ha crecido un 44%, pasando de los 64.000 a los 92.183 de 2011, según explica la directora del comedor, Ángeles Martín. Pese a todo, el punto álgido se produjo en el año 2010 con 102.283, así que este último ejercicio la demanda bajó casi un 10%. En total, el pasado año se repartieron 27.781 desayunos, 32.985 almuerzos y 31.517 bolsas de cena.
Según Ángeles Martín, lo más descorazonador es que, a los usuarios habituales, sobre todo personas sin hogar, inmigrantes y familias en riesgo de exclusión social, se han sumado familias que hasta hace solo unos meses jamás pensaron que cruzarían esas puertas. «El perfil ha cambiado, ya no son solo inmigrantes o personas mayores a las que no les llega la pensión; tenemos familias de todas las procedencias, y no dejan de llegar nuevas», indica.
Servicio de acompañamiento
Para Martín, lo más importante del comedor de Santo Domingo es que existe un acompañamiento. «No solo les damos de comer, tratamos de motivarles y de guiarles para que puedan ser independientes y recuperar su autonomía personal», explica, al tiempo que rechaza otro tipo de ayudas que se limitan a darles comida sin un programa social.
Desde el comedor de Santo Domingo, aseguran que la entrada en funcionamiento de la Puerta Única, impulsada por las asociaciones y por el Ayuntamiento de Málaga, ha sido un gran avance para la ciudad. «Ahora el trabajo está más centralizado y las familias que nos vienen son porque nosotros tenemos recursos específicos para atenderlos», dice. En total, 739 personas han llegado a esta institución derivadas a través de la Puerta Única.
Además de la alimentación, el comedor de Santo Domingo ha ofrecido cuatro becas para personas que precisaban rehabilitación por toxicomanías. Otras 40 personas han participado en los cursos de español que organiza la ONG, y una treintena han pasado por los cursos de cocina española. «Este último taller está orientado a personas, la mayoría mujeres, inmigrantes que quieren trabajar como empleadas del hogar pero que no conocen las costumbres culinarias de los españoles», dice. Una labor diaria para que las personas con problemas económicos siempre encuentren un lugar al que acudir.
