14 de diciembre de 2011
78 visitas
contiene vídeo
«Nuestro reto es humanizar el albergue. Cosas que para nosotros son normales, como el hecho de que te llamen por tu nombre, que no te rehúyan o que te pregunten qué quieres tomar, para ellos es algo que no ocurre a menudo. Les ofrecemos café, cacao o infusión.... y estamos allí para lo que quieran: hablar, jugar o ver una película». Javier Aguado, del secretariado de Pastoral Juvenil, resume el sentir de todos y cada uno de los alrededor de veinte jóvenes que, desde el pasado 1 de diciembre y hasta el próximo 31 de marzo, harán compañía a personas sin hogar en el albergue de Cáritas, ubicado en el barrio logroñés de La Estrella.
La ONG de la Iglesia Católica pone en marcha por segundo año consecutivo el programa ’¿Compartimos un café?’, una iniciativa solidaria donde las haya en la que un grupo de voluntarios hace posible que los ’sin techo’ cambien las noches frías por el calor humano y la soledad de un pasaje o un cajero automático por la compañía de jóvenes que rondan la veintena y que tras la experiencia llegan a la misma conclusión: «Recibes más de lo que das».
Así lo explica Nereida Solo de Zaldivar, de la comisión de Formación y Voluntariado, y de la misma manera lo constatan Juan y y Andrea. Él, con 17 años y en el último año de Bachillerato en el Sagasta, y ella, con 21 y ejerciendo de auxiliar de farmacia en una oficina de la capital, sienten que por primera vez su tiempo libre resulta de provecho.
«Quería ayudar y me pareció bien dar mi tiempo porque lo que es dinero no tengo un duro. Se trata de pasar un rato con los más necesitados aprendiendo, ver otra realidad que está ahí pero que nunca te has detenido en ella», expresa un pausado Juan. Andrea, en la misma línea, califica la experiencia de «gratificante». «Conoces a gente ’superespecial’ y que aportan a tu vida igual que tú aportas a la suya... Nunca te planteas que hay gente que igual necesita tu tiempo, y eso siempre es mejor que quedarte en casa sin hacer nada», dice mientras se disponen junto a Valentín y Manuel a jugar una partida al parchís.
Juegos de mesa, de manos -cortesía de Paco ’el andaluz’, que mientras permanecemos en el albergue se empeña una y otra vez en demostrarnos sus habilidades-, chistes que van y que vienen, y risas... muchas risas. «Les sirve para darse cuenta de que la vida para mucha gente no es tan fácil como puede resultar para ellos...», explica Solo de Zaldívar, quien sentencia que no hay un perfil concreto de usuarios de un centro como éste.
«Te puede pasar a ti»
¿Se nota la crisis? «La crisis para la gente que está en la calle ha existido siempre», concluye en presencia de José, recién terminada su lectura del periódico, y de Valentín, que en ese mismo momento se toma un café caliente y apura un último cigarrillo antes de meterse en la cama. Ambos, con distintas historias detrás, coinciden en señalar la bonhomía de jóvenes como Juan y Andrea. «Le puede pasar a cualquiera», espetan para referirse a las diferentes circunstancias que les han llevado a la calle pese a contar con familia. Se acercan las 11 de la noche y el conserje recuerda que en breves minutos todos deben estar en la cama... «Aquí a eso de las 10.30 ya se empiezan a apagar las luces», nos dice Valentín, quien repite este año en el albergue con una sola queja: «¡No sabes lo que roncan algunos!», dice entre las risas del resto.
Vídeo
