31 de diciembre de 2010 171 visitas
Las nubes conforman un bosque grisáceo en el cielo de Gijón. La presión ha bajado, se espesa, en un mediodía navideño y de trajín por la calle Mieres. Que si la compra, que si la Nochevieja, que si los Reyes. El tránsito es notable. En un banco del pequeño parque situado en un extremo de la calle, un indigente dormita. Un compañero de penurias le despierta. Le ofrece un cigarrillo. Es hora de sumarse a la cola, ya extensa, que aguarda a las puertas de la Cocina Económica. El comedor abre a las 12.00.
Mientras esperan, algunos miran al infinito, meditan o imaginan. Otros cantan. “Antón, Antón, Antón Piruleroooo”. Dos inmigrantes con aspecto de provenir del frío Este, miran al cantarín, no entienden ni palabra, y por eso sonríen.
En las entrañas de la cocina huele a aceite y compasión. Las cocineras cocinan y los voluntarios ayudan. Sin ellos, los casi 200 usuarios diarios de la Cocina Económica de Gijón no podrían disfrutar del pan suyo de cada día. Para hoy, algo de pescado. Para Nochevieja, algo más especial: melón con jamón; entremeses; consomé con taquitos de jamón; bacalao a la vizcaína, fruta y turrones. Para brindar: sidra y chupitos sin alcohol. La casa proporciona las uvas, pero las puertas se cierran a las 11.30. Muchos se las comerán en la plaza Mayor. Para Año Nuevo, menestra, cordero, postre y bebidas. También turrón. Los responsables de la cocina esperan unos 200 comensales. En Nochebuena hubo 170. “No hay Navidad que no marche llorando”, señala una voluntaria.
La Cocina Económica, merced tanto a las ayudas públicas como a las privadas, da cobertura a diario a los menos favorecidos. Es el caso de un coruñés de Carballo que hace 16 años que vive en Gijón. Se hace llamar Reyes. Es el único que permite que la cámara de LA VOZ le inmortalice. “Los demás son de aquí y, ya saben, les da vergüenza que los vean”, afirma. “Yo aquí no tengo a nadie”, remacha.
Reyes se ha acostumbrado a pasar la Navidad en la cocina Económica. Desde que llegó a Gijón ha saboreado los turrones con que le surten los responsables de la Asociación Gijonesa de La Caridad. “No está tan mal si te acostumbras”, dice. “O duermo o como”, dice Reyes, en su día albañil en media España y en Suiza. Le ha quedado una pensión de risa.
